Hay un dicho tremendamente popular que dice que nunca terminamos de conocer a las personas y que, cuando creemos haberlo conseguido, nos sorprenden.
Esta es una de las sensaciones más bonitas que puedes tener con
alguien, salvo si te ocurre porque le infravaloras. En ese caso no le
subestimes, porque podría hacerte rectificar.
Cualquier tipo de relación necesita renovarse con hallazgos nuevos en el otro que no conocíamos y mejora muchísimo si por las dos partes existe la capacidad y la motivación para sorprender.
No obstante, son los descubrimientos los que tienen un matiz con el que
hay que tener cuidado, especialmente en esas situaciones en las que
conocemos a alguien por primera vez.
“Yo
siempre he tenido pasión por los detalles, por los pequeños
acontecimientos, casi invisibles, que hay a nuestro alrededor. Observar a
la gente te enseña muchas cosas”
-Marco Levy-
Dicho esto, todos nosotros en los primeros contactos con una persona hacemos hipótesis sobre cómo podría ser. Acción que, en cierta medida, es totalmente humana y que no tiene por qué ser dañina, sino más bien involuntaria. Si esta impresión es algo negativa, ten cuidado porque solemos tender a confirmar nuestras primeras impresiones en vez de a intentar falsarlas.