En este ajetreado mundo en el que vivimos, en el que estamos constantemente conectados a las nuevas tecnologías,
la mente salta de un lado a otro continuamente, esparciendo nuestros
pensamientos y emociones, lo que nos puede hacer sentir estresados,
nerviosos, e incluso ansiosos.
La forma de vivir de las sociedades occidentales nos pone en piloto automático, lo que significa que los días pasan sin que nos demos cuenta de lo que ocurre en nuestro interior o nuestro alrededor.
Vamos tirando, caminando por la vida, sin parar ni un solo instante a
observarnos internamente, sin parar a pensar en nuestras necesidades.
Siempre rumiando, aferrados a las expectativas más que a la realidad.
Vivir en piloto automático, una mala opción
Vivir
en piloto automático, vivir por inercia y dejarse llevar por la rutina
puede resultar muy cómodo a corto plazo. Es más fácil que los días pasen
y no afrontes el miedo a hablar con tu pareja sobre lo que sientes. O
es menos complicado dejarse llevar por el día a día que reconocer que
estás triste, ¿verdad? Ya se alinearán los planetas para solucionar tus
problemas…
Pero vivir lejos del presente, es decir, con la coraza
puesta y sin sentir nada, puede ser negativo a la larga, porque cuando
ocurre algo que nos sacude (por ejemplo, nos despiden del trabajo o nos deja la pareja), entonces toca pisar con los pies en la tierra. Además, vivir en las expectativas puede hacernos tremendamente infelices.