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Las Comparaciones Son Perjudiciales Para El Crecimiento Personal
3 de abril de 2019
28 de abril de 2017
Todos deberíamos saber que somos únicos, más que saberlo internalizarlo, porque esa condición nos permite transitar con mayor consideración en lo que respecta a nosotros mismos. Pasamos más tiempo comparándonos con otros que apreciando nuestra vida. Ponemos de referencia a otras personas para alcanzar sueños, para ejecutar acciones, para criar a nuestros hijos, para tener pareja.
Pero difícilmente nos tomamos el tiempo necesario para sacar de nosotros lo mejor, inventando nuevos métodos, haciendo realidad esas ideas que pueden parecer descabelladas, rompiendo paradigmas o simplemente dejando de tratar de encajar en los moldes de una sociedad.
Todas esas reglas y parámetros fueron establecidos por generar una normal, pero que algo esté dentro de unos parámetros, no significa que sea la mejor manera de hacerlo. Hay miles de caminos, no nos dejemos limitar por los recorridos, esos con abundancia de gente no nos llevan a donde realmente debemos estar.
Perdamos la costumbre de medirnos con respecto a alguien, qué variables serían útiles, qué tan feliz es esa persona, qué tan rápida, qué tan inteligente, qué capacidad tiene para conseguir pareja, cuánto dinero tiene, qué vida tan linda tiene… Todo esto es particular y depende de muchos factores, sin contar que la mayoría de las cosas que vemos en los otros no corresponde a una realidad, sino a una necesidad imperiosa de aparentar, de proyectar algo que puede ser incluso muy distinto a lo fiel.
Las comparaciones no son de utilidad, no tiene sentido sentirnos más o menos que nadie, no tiene sentido mirar con lástima o con envidia a alguien más. Nuestras comparaciones deben estar enfocadas a nosotros mismos, sin juzgarnos, procurando cada día ser mejores que lo que fuimos el día anterior, trabajar por lo que se quiere, tratando de dar lo mejor y esperando siempre de la vida lo mejor.
No aceptemos comparaciones de nadie y si tenemos hijos no caigamos en el clásico error de ponerle a alguien más de referencia. Cada ser es único, con talentos, sueños, personalidades, creencias únicas, ya suficientemente adoctrinados estamos como para adicionar patrones adicionales.
Temémonos tiempo para conocernos, para saber qué nos gusta, qué nos mueve, qué nos hace vibrar y cuando descubramos nuestras pasiones, entenderemos que las comparaciones no tienen sentido, que seremos felices dedicando nuestro tiempo a lo que nos hace bien. Aprendamos a valorar, a ser empáticos, a ser humildes y compasivos con quienes nos rodean y tengamos la capacidad de admirar sin sentir envidia, de ayudar sin sentir lástima y de crecer sin compararnos.
Pero difícilmente nos tomamos el tiempo necesario para sacar de nosotros lo mejor, inventando nuevos métodos, haciendo realidad esas ideas que pueden parecer descabelladas, rompiendo paradigmas o simplemente dejando de tratar de encajar en los moldes de una sociedad.
Todas esas reglas y parámetros fueron establecidos por generar una normal, pero que algo esté dentro de unos parámetros, no significa que sea la mejor manera de hacerlo. Hay miles de caminos, no nos dejemos limitar por los recorridos, esos con abundancia de gente no nos llevan a donde realmente debemos estar.
Perdamos la costumbre de medirnos con respecto a alguien, qué variables serían útiles, qué tan feliz es esa persona, qué tan rápida, qué tan inteligente, qué capacidad tiene para conseguir pareja, cuánto dinero tiene, qué vida tan linda tiene… Todo esto es particular y depende de muchos factores, sin contar que la mayoría de las cosas que vemos en los otros no corresponde a una realidad, sino a una necesidad imperiosa de aparentar, de proyectar algo que puede ser incluso muy distinto a lo fiel.
Las comparaciones no son de utilidad, no tiene sentido sentirnos más o menos que nadie, no tiene sentido mirar con lástima o con envidia a alguien más. Nuestras comparaciones deben estar enfocadas a nosotros mismos, sin juzgarnos, procurando cada día ser mejores que lo que fuimos el día anterior, trabajar por lo que se quiere, tratando de dar lo mejor y esperando siempre de la vida lo mejor.
No aceptemos comparaciones de nadie y si tenemos hijos no caigamos en el clásico error de ponerle a alguien más de referencia. Cada ser es único, con talentos, sueños, personalidades, creencias únicas, ya suficientemente adoctrinados estamos como para adicionar patrones adicionales.
Temémonos tiempo para conocernos, para saber qué nos gusta, qué nos mueve, qué nos hace vibrar y cuando descubramos nuestras pasiones, entenderemos que las comparaciones no tienen sentido, que seremos felices dedicando nuestro tiempo a lo que nos hace bien. Aprendamos a valorar, a ser empáticos, a ser humildes y compasivos con quienes nos rodean y tengamos la capacidad de admirar sin sentir envidia, de ayudar sin sentir lástima y de crecer sin compararnos.
18 de julio de 2016
El ideal de vida de un ser humano es ser feliz, sentirse pleno y satisfecho consigo mismo.
Sin embargo, en ocasiones la alta autoestima desaparece y es cuando
empiezas a atentar contra ti mismo, a elegir caminos equivocados, a
menospreciarte o juzgarte; olvidas lo valioso que eres y dejas de lado
la armonía que te rodea, y es ahí cuando tiendes a arruinar tu vida.
Te invitamos a conocer esta reflexión
que sin duda te hará recordar que como ser humano que eres tienes un
mundo lleno de alegría y situaciones positivas a tu alrededor… nunca
está de más un recordatorio de este estilo.
¿Sabes?, la vida no es una línea recta.
No es un conjunto de etapas básicas donde todo va de acuerdo a lo
programado. No necesariamente tienes que graduarte, formar una familia o
hacer una carrera a cierta edad. No estás obligado a casarte a los 25 y
a ser jefe a los 30.
15 de abril de 2016
Nos hace sentir incómodos que nos comparen con los demás, pero lo hacen constantemente.
A los demás les hace sentir incómodos que los comparen con otras
personas, pero lo hacemos constantemente. Realizar comparaciones es más
común de lo que creemos y muchas veces no nos damos cuenta de que
puede hacer mucho daño.
Dejando de lado los momentos en los que establecer comparaciones es oportuno, normalmente confrontar varias actitudes, personalidades o rasgos físicos es odioso y miedoso,
sobre todo si somos nosotros los que nos comparamos con alguien. En
gran medida, sentir la necesidad de definirnos a nosotros mismos
posicionándonos respecto a los demás no deja de ser, en la mayoría de
las ocasiones, un juicio profundamente injusto.
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