Debemos de aprender a disfrutar de proteger nosotros mismos, en
soledad y en compañía, y evitar que nuestra felicidad dependa de los
demás. El único amor que se puede imponer es el amor propio. Tenemos que
atar en corto a nuestras inseguridades, impidiendo que nos esclavicen,
eligiendo ser dueños de nosotros mismos y dirigiendo nuestra vida.
Amor
y dependencia están reñidos, si coexisten se destruyen. En el caso de
que esto ocurra, aunque la relación de pareja permanezca, el amor se
oscurecerá y se someterá a la dependencia.