Pérdidas, decepciones, rechazos, traiciones, desamor… Sabemos que las relaciones, como los huesos, también se rompen. Sin embargo esas fracturas no siempre sanan tan rápido como pensamos; el tiempo por sí solo no nos rehabilita, todo duele y casi nada alivia… De ahí, que la inteligencia emocional para sanar esas heridas sea un buen recurso para cerrar poco a poco esas cicatrices internas.
Decía Franklin D. Roosevelt que cuando lleguemos al final de una cuerda, solo cabe una opción: hacer un nudo y esperar. Terminar con algo que hasta no hacía mucho nos mantenía amarrados a algo firme y seguro siempre produce angustia.


