Artículo: La Peor Soledad Es No Estar Cómodo Contigo Mismo

Los seres humanos somos seres gregarios. Vivimos en sociedad y dentro de ella nos organizamos en grupos más pequeños. Adoptamos identidades regionales, locales, deportivas, nos comprometemos con organizaciones, buscamos amigos, convivimos con la familia o la intentamos crear, etc., pero tratamos de no estar nunca solos. Es tan fuerte el instinto del ser humano de vivir acompañados que incluso afecta a nuestro comportamiento individual, que generalmente cede ante las demandas del grupo. Es decir: sentimos miedo a la soledad y haremos lo que sea para evitarla.

Desde la infancia, nuestros padres así como el entorno nos enfocan la vida como algo que hay que compartir, nos demuestran lo bueno y lo correcto de tener una pareja, formar una familia, tener muchos amigos y el estar siempre rodeado y en compañía. En las mujeres parece que la presión de tener pareja e hijos es mucho mayor que en el caso de los hombres, lo que lleva a considerarlo un fracaso si no se consigue. Es cierto que tener pareja, hijos o familia alrededor es un buena forma y agradable de vivir pero cuando el miedo a no conseguirlo o a quedarnos solos nos puede llevar a tomar decisiones en la vida que no son favorables para nosotros mismo. Por ejemplo, mantener una relación insatisfactoria por dejar de formar parte de una pareja.


Este miedo tan incómodo puede hacernos elegir inadecuadamente a nuestra pareja, con tal de estar “acompañado”, sin dar importancia a nuestras prioridades, deseos o gustos. A menudo se convierte en una fuente de decisiones erróneas, estados psicológicos verdaderamente tortuosos y desaciertos motivados por razones muy diversas y discutibles.

El miedo a estar solo esta ligado a una necesidad básica del ser humano: sus relaciones con otras personas. Si tengo relaciones no me siento solo, y si no llego a tenerlas me siento frustrado. Si seguimos la lógica de esta idea nos lleva a suponer que nuestro bienestar y tranquilidad así como nuestra percepción de la felicidad, no dependen propiamente de nosotros mismos, sino de otras personas. Dependemos en mayor o menor grado de la reacción del otro, de su disposición hacia nosotros, de sus signos de atención, de su apoyo, comprensión y ayuda. La presencia de todo esto nos hace felices, nos ayuda a vivir y a sentirnos personas válidas y realizadas en la vida.

Por el contrario, cuando el otro falta, perdemos el equilibrio y la seguridad en nosotros mismos, caemos en depresión, nos sentimos débiles, heridos, incapacitados, y a veces nuestra propia vida parece perder todo su sentido. Como en este caso nuestra felicidad depende menos de nosotros mismos y mucho más de las circunstancias externas y de cómo nos van a tratar los otros, el miedo a la soledad adquiere una forma muy particular.

La soledad sana sería el equilibrio entre el “ser uno” y el “ser con otros”. Quienes saben tomarse tiempo para sí, disponen de energía de sobra y sienten placer cuando pueden destinarla a los demás.
La soledad es un sentimiento difícil de enfrentar y sobrellevar. Para algunos puede ser una oportunidad para encontrar calma y tranquilidad pero, para la mayoría, constituye un miedo a enfrentarse consigo mismo y correr el riesgo de encontrar algo que no  nos guste.

En muchos casos es un estado necesario para poder establecer un nuevo orden, para elaborar duelos y para poder mirar dentro de uno mismo para reconocerse como uno es. Puede constituir a su vez un espacio o estado de reflexión que ayuda a fortalecer el autocontrol y a identificar las propias emociones, sentimientos y necesidades personales, enriqueciendo nuestras habilidades para establecer lazos sociales saludables y fuertes.
"Existe tanta ansiedad cultural frente al aislamiento que continuamente no logramos percibir los beneficios de la soledad." - Eric Klinenberg
La soledad es una situación que puedes convertir en algo transitorio, sin necesidad de percibirla como algo traumático. Tomarla como un momento de reflexión, de conocerse y de encontrarte con nuestra propia identidad. En muchas ocasiones es esto lo que hace que nos sintamos solos, cuando no somos capaces de hablar con nosotros mismos, ni escucharnos, ni prestarnos atención. Nos convertimos en unos completos desconocidos para nosotros mismos y no sabemos como afrontar esos momentos de soledad. 

La soledad concebida como una etapa transitoria y voluntaria es de lo más beneficiosos para nuestra salud mental. Estar solo no significa tener un carácter difícil o una personalidad intolerante, se trata tan solo de marcar una cierta independencia en la relación con los demás, constituyendo una opción libre.
Plantearlo como una oportunidad para reencontrarte contigo permite sentirse acompañado por uno mismo, evitando el sentimiento tan temido de la soledad. Como decía Mark Twain, “la peor soledad es no estar cómodo contigo mismo”:
Un individuo puede estar solo en el sentido físico durante muchos años y, sin embargo, estar relacionado con ideas, valores o, por lo menos, normas sociales que le proporcionen un sentimiento de comunión y pertenencia.