Mirar Por La Ventana Beneficia A Tu Mente

A veces es un acto automático: nos acercamos a la ventana, algo atrapa nuestra atención y nos quedamos mirando, mientras el tiempo transcurre lenta e inexorablemente. Muchas personas lo hacen con cierta sensación de culpa, se reprochan por perder el tiempo pues asumen que mirar por la ventana es un acto pasivo que no sirve para nada. Sin embargo, ese acto de dejar vagar los ojos por el paisaje mientras la mente se libera, es mucho más beneficioso de lo que suponemos. 
Ver el mundo que pasa 

El poeta Wallace Stevens dijo que “no siempre es fácil notar la diferencia entre pensar y mirar por la ventana”. Y es que ese acto de “procrastinación” no implica únicamente ver lo que está pasando afuera, sino que puede convertirse en un ejercicio para descubrir los contenidos de nuestra mente. 

Platón sugirió que nuestras ideas son como pájaros revoloteando en el aviario de nuestros cerebros. Para que las aves se asienten, consideraba que necesitábamos períodos de calma sin ningún propósito especial. Mirar por la ventana nos ofrece tal oportunidad. 

Ver el mundo en marcha mientras estamos quietos es como si durante algunos minutos nos bajásemos de ese tren en movimiento. No tenemos ningún objetivo específico y nuestra atención vaga sin rumbo, por lo que el simple acto de mirar por la ventana puede llegar a ser casi tan relajante y reparador como la meditación. 

No debemos olvidar que de vez en cuando nuestro cerebro simplemente necesita “desconectarse”, un periodo que le sirve para “resetearse” y que nos ayuda a recargar energía. 

El divagar de la mente, clave para la creatividad 

La capacidad para soñar con los ojos abiertos no se reconoce como valiosa en las sociedades obsesionadas con la productividad, pero algunas de nuestras mejores ideas surgen precisamente del potencial creativo que encierra la ensoñación. Quedarnos frente a la ventana nos libera de las presiones inmediatas y las preocupaciones, permitiendo que la mente vague con libertad. 

Así lo comprobaron psicólogos de la Universidad de California, quienes les pidieron a 145 personas que refirieran usos inusuales para objetos cotidianos. Después de la primera sesión, a unas personas se les asignó una actividad poco exigente para estimular la distracción mental y otros tuvieron que resolver problemas más complejos. En la segunda sesión, aquellos cuya mente había vagado sin rumbo, refirieron un 40% más de usos creativos que quienes se habían mantenido concentrados. 

Otro estudio realizado en la Universidad de Columbia Británica fue un paso más allá para demostrar que la ensoñación no solo estimula la creatividad sino que también nos ayuda a resolver problemas complejos. Estos neurocientíficos descubrieron que nuestro cerebro es muy activo cuando soñamos despiertos, mucho más que cuando estamos concentardos en tareas rutinarias. 

Aunque lo más curioso de todo fue que ese vagabundeo de la mente era más activo y productivo; es decir, nos permitía ser más creativos y resolver con mayor eficacia los problemas, mientras menos conscientes somos de su existencia. Para lograr ese estado “enajenado” de vagabundeo mental, no hay nada como quedarnos absortos delante de una ventana. 

Consolida los recuerdos

La distracción mental también puede desempeñar una función vital en la formación de recuerdos. Neurocientíficos de la Universidad de Nueva York les pidieron a un grupo de personas que observaran pares de imágenes y luego podían tomarse un descanso pensando en lo que quisieran. 

Utilizando resonancia magnética funcional, los investigadores analizaron la actividad en las regiones corticales del hipocampo, la zona vinculada con la memoria. Constataron que aquellos que dejaron que su mente vagara sin rumbo, luego eran capaces de recordar mejor los pares de imágenes. Esto se debe a que en realidad el cerebro continúa trabajando mientras “descansamos”. Durante ese periodo se está consolidando la información que hemos aprendido. 

Por eso, especialmente en los tiempos modernos en los que siempre estamos conectados y recibiendo información constantemente, es importante dejarle espacio a la mente para que vague sin rumbo. Una forma de hacerlo consiste en sentarte frente a la ventana y ver el mundo pasar.

Jennifer Delgado