4 de junio de 2017

La Culpa Inconsciente

La culpa inconsciente forma parte de las creencias, obstruyen el propio juicio y condicionan la manera de actuar.

Durante la infancia se incorporan comportamientos, hábitos, reglas y normas sociales en forma inconsciente, para ser cumplidos que luego, se asimilan y se hacen propias, convirtiéndolas en parte de la manera de pensar; y cuando éstas son transgredidas causan pérdida de autoestima y necesidad de reparación.
La culpa inconsciente

Una cosa es ser responsable de los actos haciéndose cargo de las decisiones y otra muy diferente responder a mandatos internos inconscientes sin emplear el discernimiento.

La culpa inconsciente limita las acciones, la libertad y el crecimiento y obliga a vivir en conflicto permanente, debatiéndose en un mar de dudas.

Los que viven pidiendo disculpas, sintiendo en el fondo que no se merecen lo que tienen, lo que son y ni siquiera estar vivos; que necesitan justificarse, dar explicaciones por todo lo que hacen y que se sienten responsables por todo y por todos; permanecen con la mochila a cuestas desde niños cargada de recriminaciones y reproches sin poder desprenderse de ella.

De esa manera sienten que están pagando por sus faltas, omisiones y errores y que si hubieran hecho lo que debían, que los otros pretendían que hicieran, la vida hubiera sido distinta y mejor para todos.

Permitir que las conductas del pasado influyen en el comportamiento presente es permanecer siendo todavía un niño, atado a la voluntad de los demás, que cree que no tiene valor alguno porque no fue capaz de cumplir con las expectativas.

Freud decía que liberarse de las dependencias es el objetivo principal del psicoanálisis; o sea, ser capaz de estar parado sobre los propios pies sin muletas ocasionales.

Respetarse es tener autonomía, bastarse a si mismo, decidir por si mismo aunque se cometan errores y ser capaz de estar solo sin tener que tolerar las acusaciones y los reproches en cada acto de independencia.

Nunca se podrá devolver a los padres todo lo que hicieron por sus hijos, porque la tarea de padre o madre no implica exigencia alguna sino renuncia a favor de la felicidad de ese hijo.

La vida es la que llevará a esos hijos a cuidar a los suyos y esa será la mejor retribución para sus padres.

De los padres se recibe la influencia de su filosofía de la vida, el convencimiento irrefutable de que el dinero es malo, la idea de que tener riqueza es señal de deshonestidad y también que no es bueno ser ambicioso; y eso seguramente es lo que creerán sus hijos cuando sean adultos.

De esa manera no podrán disfrutar de lo que ganen ni estar orgullosos de sus logros, porque pensarán que mejor es llorar miserias y quejarse para no humillar a los desposeídos.

El afán de castigarse por sentirse en el fondo culpable de todo, conduce a elegir mal las parejas, a conformarse con un trabajo mediocre, a no intentar cosas nuevas, a estancarse y no crecer o mejorar; a no permitirse gratificación alguna, a sentirse incómodo con el éxito, a fracasar en todo, a tener una actitud derrotita, a sentirse aislado y no querido, a decir siempre que si para que los quieran y a sacrificarse sin necesidad.

Se pueden trascender todas estas limitaciones cambiando las creencias y utilizando el propio discernimiento para tomar desiciones, sin dejarse llevar por el hábito de las conductas aprendidas y atreviéndose a ser quienes son, a respetarse y a ser capaz de cumplir todos sus auténticos deseos y su destino.

Por mi Culpa


Es posible que hayas experimentado el sentimiento de culpa más de una vez a lo largo de tu vida tengas la edad que tengas. El caso es que resulta tan fácil hacer algo que nos hace sentir culpables de alguna forma que acaba siendo un sentimiento de aparición frecuente.

Nos sentimos disgustados al haber producido un perjuicio a un tercero. Ésto ya es el primer paso para reparar el daño causado. Sin embargo, tengamos cuidado con no llevar este sentimiento al extremo ya que sólo conseguiremos que se convierta en algo destructivo impidiendo que se lleve a cabo la función adaptativa.

Sentirse culpable se aprende desde pequeño cuando cometemos errores y los adultos que nos rodean nos advierten de los perjuicios que hemos causado. Este aspecto forma parte de la educación que recibimos pero tendremos que ser cuidadosos cuando nos toque educar para evitar sentimientos de culpa al recordar acciones pasadas. No podemos olvidar que el objetivo de mirar al pasado y de analizar las conductas erróneas no es otro que aprender no desmoronarnos.

Un matiz importante a tener muy en cuenta es la intención con la que se ha efectuado la acción. Si se ha realizado deliberadamente entonces nuestra sensación de culpabilidad será sustancialmente mayor que si ha sido un acto fortuito.

Cuando alguien demuestra culpabilidad por un acto concreto cometido por él mismo, nos está ofreciendo información acerca de sus valores y de lo que se desvía de sus patrones de principios. Por eso, se recrimina, se siente decepcionado consigo mismo.

Para no caer en una culpa extrema que nos sumerja en la patología, haremos uso de diferentes estrategias como ser más flexibles con nosotros mismos asumiendo las responsabilidades pero sin rasgarnos las vestiduras; entablar un diálogo interno que nos ayude a determinar las causas y los efectos reales, desechando las ideas irracionales transformadas en mensajes autocastigadores; aprender de los errores cometidos, de manera que, en situaciones futuras, sepamos, al menos, cómo no debemos responder.

Considera, a su vez que,eventualmente, todo el mundo (incluido tu) intenta rehusar enfrentarse a su error porque, en realidad, su sentimiento de culpa o de vergüenza es tan elevado que no se siente capacitado para volver sobre sus pasos. Lo más frecuente es que se produzca una negación del hecho, el olvido, una infravaloración de los daños o que se atribuya el hecho a factores externos.

Además, tengamos presente que no siempre nosotros somos los culpables sino que los otros también experimentarán esos sentimientos y tendremos que empatizar con su malestar y desasosiego. Así, procuraremos ser lo más benevolente posible cuando seamos los dañados y el otro intente reparar el daño infringido. Asimismo, nos esforzaremos por no acaparar toda la culpa cuando alguien más esté implicado, liberándole de la misma, porque sólo conseguiremos invalidar el aprendizaje derivado de la asunción de responsabilidades y, por tanto, la reparación del error.

Autoculparse con demasiada frecuencia te hará sentir malestar emocional y dañará tu autoestima, al tiempo que te volverá obsesivo para poder salir de esa vorágine y evitar sentirte de este modo. Será el pez que se muerde la cola porque esto no hará más que alimentar tu culpa por no conseguir alcanzar todo lo que te propones.
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