19 de mayo de 2017

Tantra, La Noche Del Dios

La noche del Dios

Al igual que en «La Noche de la Diosa» el hombre honra totalmente a su pareja como si lo fuese, «La Noche del Dios» es un momento especial en el que la pareja se entrega totalmente a darle amor y placer al hombre.

Su finalidad no es buscar una correspondencia, es decir, acabar teniendo un orgasmo, sino cultivar y demostrar el amor que sientes, excitar todo su cuerpo sensibilizando partes que estaban dormidas o descuidadas, conectar emocional y sexualmente con él.

Él debe saber que esa noche será para su placer, que no hay ninguna intención por tu parte de tener una relación sexual ni de que te satisfaga a ti, sino que quieres demostrarle tu amor; que quieres darle placer; que estás abierta a que te diga lo que le gusta y cómo le gusta.

La esencia de este ejercicio es que tú también disfrutes viendo cómo disfruta él, como se retuerce, gime y corre.

Sentir la corriente de energía sexual que fluye entre los dos y ser feliz al hacerle feliz.

Si en tu fuero interno sientes que realmente hacer algo así no te causará placer puede que tengas que plantearte seriamente hasta qué punto le amas.
Orgasmo y eyaculación

Para el Tantra es aconsejable que el hombre no eyacule. Cuando decimos que no eyacule no hablamos de no tener un orgasmo: orgasmo y eyaculación no son lo mismo, como explicamos en el monográfico sobre el hombre multiorgásmico.

Cuando un hombre tiene un orgasmo y eyacula, la energía es desperdiciada en el semen, pero si no eyacula, puede utilizarla trasmutándola en “óleo vital”, un poder espiritual que asciende por la columna astral y activa los siete chakras de la conciencia.

En esta activación la energía se eleva conectándole con el todo.

Si os estáis iniciando en el sexo tántrico, en esta primera noche del dios no es conveniente que intentéis aspirar a algo que lleva mucho tiempo de conocimiento y práctica. Pero tampoco te dejes llevar como siempre a la eyaculación rápida. Disfruta del amor, disfruta de la experiencia todo el tiempo que puedas.

Cuando sientas que te acercas al punto de no retorno dile que pare, descansa un momento, recupera el control de tu cuerpo. La respiración es muy importante puesto que si es profunda y pausada te resultará más sencillo controlarte.

Tu pareja puede emplear técnicas para impedir que sobrepases ese límite y bajar tu excitación: tirar suavemente de tus testículos alejándolos de tu cuerpo, apretar la base del pene con los dedos como si fuese un anillo, darte un suave masaje en la zona del perineo para descongestionar la zona, etc.

Tampoco te obsesiones con aguantar lo máximo posible; tan malo es estar pendiente del reloj en un sentido que en otro.

Prepara el encuentro

Todo lo que te dije en el artículo anterior sobre «La Noche de la Diosa» es aplicable a la noche del dios; sigue los consejos que te enseñamos en el epígrafe «Crea un ambiente propicio para el sexo» incluyendo la oración para reforzar el vínculo.

No permitáis interferencias ni del exterior ni del interior, es decir, tensiones internas, estrés o ansiedad.

Un baño relajante os ayudará a liberaros de ellas y además preparará su cuerpo para la noche de placer.

Enjabona con suavidad todo su cuerpo, lava su pelo, seca su piel con ternura. Susurra lo que sientes por él. Lo especial que es para ti.

Que él exprese lo que desee, ya sea con palabras, ya sea con gemidos. Intentad sincronizar las respiraciones y miraos a los ojos.

Conecta con su energía, con sus emociones, inhala y exhala su energía mientras le miras descubriendo las huellas que ha dejado el tiempo en su rostro, en su cuerpo.

Si intenta corresponder dile que no quieres que lo haga, que quieres que se relaje y abra totalmente a tus caricias y besos sin pensar en ti, que deseas tocarle por el placer de tocarle y amarle.

Masaje para relajar y excitar

Comienza a darle un masaje con aceite, preferiblemente de jazmín, neroli, rosa, sándalo o ylang-ylang, su aroma estimula los sentidos y además podrás deslizar las manos con suavidad por su piel. La presión debe ser intermedia, aunque si no sabes, mejor con suavidad antes que con rudeza.

Sigue los mismos pasos que te di en la noche de la diosa: comienza dando un masaje por los pies, sube por las piernas, los muslos, los glúteos, la ingle, el vientre y el pecho. Acaricia su pecho izquierdo describiendo círculos en un sentido y luego en otro. Coge su pezón con suavidad (sin pellizcar) y juega con él.

Cógelo con los labios (no con los dientes) y aprieta, succiona y gira. Toca la punta con tu lengua de manera rítmica. Luego haz lo mismo con el otro pecho. Sube hasta su cuello y su rostro. Acaricia toda su cara, sus labios, su nariz, sus cejas, su frente.

Dile que se dé la vuelta. Masajea y acaricia su nuca, sus orejas, sus hombros y sus brazos. Desciende por toda la columna con caricias largas para que baje la energía hasta el coxis. Acaricia con largos movimientos desde la nuca, pasando por los hombros, los brazos hasta las manos.

Si lo deseas puedes acariciárselas durante un rato para relajarlas totalmente. Acaricia de nuevo desde la nuca hasta el coxis y céntrate en los glúteos con caricias suaves, pellizquitos, lametones y suaves mordiscos. Demórate todo lo que puedas con el masaje para estimular todas las terminaciones nerviosas de su piel.

Puede que se ponga un poco nervioso e impaciente con ganas de que le masturbes, pero es necesario que aprenda que todo su cuerpo es sensualidad, que no es sólo un pene.
Masaje tántrico del lingam

Para facilitar este masaje, él puede colocar un cojín debajo de su culo para elevar la pelvis. Vierte una pequeña cantidad de aceite sobre el pene y los testículos. Empieza a masajear las ingles y asciende hasta los testículos. Masajéalos suavemente. Luego masajea la zona del hueso púbico justo encima del pene. Sigue por la zona del perineo (entre los testículos y el ano).

Sube hasta el pene. Pellizca suavemente la base con la mano derecha y asciende por el tronco. Retira la mano y repite con la mano izquierda. Hazlo de manera que una mano suceda a la otra como si fuese una sola (algunos lo llaman la técnica de ordeñar). Después, coge el pene por la parte superior y da el masaje con una mano hasta la base y luego con la otra (ordeñar al revés).

Pon la palma de la mano sobre el glande y traza círculos con ella por toda la superficie. Recuerda que tiene que estar muy bien lubricada y que todo el masaje debe hacerse muy despacio y con mimo. A veces el pene pierde su dureza y se pone flácido, eso no es malo, para el tantra estos son dos extremos del placer. Si sigues se pondrá duro de nuevo.

Masajear el espacio sagrado

El espacio sagrado no es, ni más ni menos, que el Punto G del hombre, la próstata. Se encuentra a unos cinco centímetros del ano.

Desgraciadamente, abundan los prejuicios y muchos consideran que sentir placer en el ano les convierte en homosexuales; sería tan ridículo como pensar que a una mujer que le gusta un cunnilingus es lesbiana.

Debes desterrar estas ideas antes de atreverte a experimentar placer en esta zona. Si no consigues hacerlo porque no estás preparado, no pasa nada.

Eres libre de vivir tu sexualidad como te plazca.

Si, por el contrario, quieres probar, deberás estar relajado y abrir tu mente y tu cuerpo a una experiencia orgásmica única.

Existen dos maneras de estimularla: indirecta o directamente.

Manera indirecta

Masajea la zona que se encuentra entre los testículos y el ano, es decir, el perineo, describiendo pequeños círculos con suavidad. También puedes hacerlo con la lengua y con los labios: multiplicará las sensaciones al límite.

Cuando acaricies con los dedos intenta localizar una pequeña hendidura. Si presionas rítmicamente en ella puede llegar a alcanzar el orgasmo. Hazlo con suavidad, algunos hombres tienen bloqueos energéticos en ella y al principio puede que les duela. A medida que la acaricies y la relajes, se volverá mas y más placentero.

Mientras acaricias puedes seguir masturbando su pene y acariciando sus testículos con suavidad aumentando su placer. Podéis continuar hasta el orgasmo o pasar a la estimulación directa.

Manera directa

Tras haber estimulado toda la zona del perineo, masajea con los dedos bien lubricados los bordes del ano para relajarlo. También puedes hacerlo con la lengua y/o los labios.

Introduce suavemente el dedo medio. La mejor manera es de cara a él, con la palma de la mano hacia arriba. Cuando encuentres un pequeño bulto presiona variando la presión y velocidad según le resulte más placentero a él.

Puedes seguir masturbando su pene. Si en algún momento se encuentra incómodo y desea parar, dile que se sienta con la confianza suficiente para hacerlo. No pasa nada. Tú deseas lo que él desee.

Lo mismo ocurre con las ganas de eyacular. En esta primera vez no es bueno que busquéis la contención de la eyaculación, sino que prolonguéis su placer al máximo. Si llega un momento en el que desea eyacular, que lo haga.

Después abrázalo y acúnale como a un niño. Siente su calor y el amor. Puede que la experiencia haya sido fuerte para él a nivel emocional y sienta ganas de reír o de llorar. Al cabo de un rato dile qué le apetece hacer. Puede que sea comer algo, hablar, seguir abrazado a ti en silencio, dormir.

Lo que él desee, todo menos satisfacerte sexualmente a ti puesto que es «La Noche del Dios»
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