Cuando vinimos al mundo éramos perfectos, sin miedos, sin sentimiento de culpa, ni de rechazo, ni de abandono, ni vergüenza alguna. No nos comparábamos con nadie, nos amábamos totalmente tal y como éramos. A muy temprana edad, cerca a nuestros 2 o 3 añitos empezamos a tener miedos y sentimientos de inadecuación que nos lo fueron creando nuestro entorno, las personas con las que vivíamos.
De niños, si no tuvimos la paciencia,
atención, cariño, cuidados y amor suficiente de nuestros padres y
personas que se hicieron cargo de nosotros, vivimos ahora como adultos
con un profundo dolor interno. Las carencias de nuestra infancia son
heridas presentes que crean en nosotros reacciones y actitudes que
contaminan nuestra vida adulta.
Necesitábamos de niños de unos padres
amorosos llenos de paciencia que nos enseñaran que era la vida, pero
desde una perspectiva positiva. Muchísimas veces fuimos heridos por
ellos, pero no intencionalmente, tenemos que comprender que ellos
también fueron heridos cuando eran niños y seguro conservan a ese niño
interno herido y lleno de miedo. Si ahora intentamos mirar en la
profundidad de sus ojos, aunque estén ancianitos, podemos por algunos
segundos ver la mirada de un niño triste, solo y tal vez buscando amor
también.
Esa timidez, sentimiento constante de
culpa, miedos, sentimientos de rechazo, de soledad, vergüenza o hasta
violencia que existe en muchas personas; viene de su propio niño interno
herido, y es así como contamina nuestra vida.
En este preciso momento, si no hemos
hecho nada para sanar nuestras heridas de la infancia es como si
tuviéramos un niño de unos 5 a 7 añitos que sabotea y contamina nuestra
vida y nuestras relaciones, con sus reacciones y sus falsas creencias, y
lo que en este momento necesita es solo nuestro amor y nuestra
atención.
Es imperioso entonces que recuperemos a
ese niño interno, que por tantísimo tiempo vivió en el abandono y el
olvido por nosotros. Al abandonarlo y desatenderle nos abandonamos
nosotros mismos en realidad.
Para iniciar ese maravilloso proceso de
recuperar nuestro niño interno, necesitamos crear un acercamiento y
entablar una relación con el(la). Consigue una foto de cuando tenías
entre 3 y 8 añitos de edad y cuando la tengas siéntate por unos 30
minutos a contemplarla y deja que los recuerdos vengan, y luego escribe
tu historia.
Cuando hayas terminado visualiza a tu
niñ@ intern@ frente tuyo y háblale, dile que te perdone por haberle
tenido abandonad@ tantísimo tiempo, por haberle desatendido, dile que l@
amas y que de ahora en adelante vas a estar siempre con el(la). Y si te
lo permite abrazal@.
Manten una comunicación constante con el(la), por lo menos una vez a la semana siéntate con tu foto y hablale.
Tu niñ@ intern@ necesita carias constantes, estas son algunas de las formas de acariciar y amar a tu niño interno:
- Date un buen baño caliente, con sales perfumadas, aceite, pétalos de flores… Quédate un rato disfrutando de las sensaciones corporales.
- Aplícate masajes con regularidad.
- Deja que alguien te haga manicura y te arregle el cabello.
- Pide a un amigo que te prepare la comida o que te invite a cenar.
- Siéntate tranquilamente y envuélvete en una manta o un edredón mientras lees, escuchas música o miras la televisión.
- En invierno, abrígate al calor del fuego.
- Desayuna chocolate con churros, leyendo el periódico tranquilamente o disfrutando de la familia.
- Pasa mucho tiempo con tu amante haciéndose mutuamente caricias sensuales.
- Reserva un rato para no hacer nada; sin hacer nada, sin hacer planes y sin compromisos.
- Juega con arcilla o plastilina. Experimenta con formas y figuras.
- Chapotea bajo la lluvia.
- Mastica algo crujiente (palomitas, chocolate…)
- Ve a la playa, juega con arena. Construye algo con ella.
- Ve de tiendas por el placer de probarte ropa. (¡sin necesidad de comprar!)
- Huele perfumes y olores (en una perfumería, en una floristería, en una frutería, en el campo….)
- Da un largo paseo con un amigo o con tu amante. Tómense de la mano y déjense impregnar por los colores, olores, el paisaje,….. concéntrense en las sensaciones que les llegan.
- Juega con tu mascota.
- Dibuja, colorea.
- Canta, por el simple placer de expresarte con tu voz.
- Juega con tus hijos, o con niños, como si fueras uno de ellos.
- Ofrécete un tiempo para estar solo, sin ningún tipo de obligación. Un tiempo para mirar el cielo, respirar, conectar con todo lo hermoso que haya a tu alrededor……
- Los días que tengas tiempo, échate todas las siestas que quieras.
- Ve a una cafetería o restaurante que tenga bufet. Escoge muchos platos diferentes. Prueba comidas que nunca hayas probado.
- Entra en un supermercado y compra alimentos que no comerías normalmente con las manos. Llévatelos a casa y cómelos con las manos. Puedes ser todo lo sucio que quieras.
- Camina descalzo por el jardín.