Nadie nos ha enseñado nunca cuáles son las leyes del sufrimiento y
cómo afrontarlas. Habitualmente, el dolor por la pérdida llega de
improviso para desestabilizarnos, para rompernos un poco por dentro.
Poco a poco vamos recogiendo cada pieza para reconstruirnos de nuevo,
sin saber que ese proceso es, posiblemente, el mayor aprendizaje que
hayamos obtenido nunca.
El arte de saber decir adiós
Nadie
es inmune a la pérdida, el duelo es algo que todos vamos a sufrir alguna
vez: perder a un familiar, romper una relación afectiva o el simple
hecho de madurar, supone atravesar diferentes niveles de duelo.
Lo
complicado de todas y cada una de estas formas de duelo, es que ninguno
de nosotros se lleva demasiado bien con el sufrimiento, no sabemos
gestionarlo, nos desborda y en ocasiones, hasta nos destroza.
Porque…¿Cómo hacerlo? ¿Existe quizá una fórmula mágica que nos haga
inmunes a la separación, al vacío, al hueco insondable de esa mano que
ya no nos sujeta?
En absoluto. Según nos explican los expertos
cada persona deberá encontrar su propia forma de encarar el duelo. Ahí
donde encontrar alivio, entereza y la capacidad para levantarse de
nuevo.